VARSOVIA, DONDE NADA ES LO QUE PARECE

PORTADA | Solo hay una ciudad en la que poder saborear deliciosos dumplings aunque los llamen “pierogi”, pasear por un centro histórico colorido e impecable pero que (realmente) solo tiene unas décadas, presumir de ilustres vecinos como Copérnico, Joseph Conrad o Chopin, alucinar con el contraste entre rascacielos acristalados y moles de cemento regalo de la URSS de Stalin. Y esa ciudad se llama Varsovia.

El Castillo Real de Varsovia es un palacio barroco-neoclásico y fue ocupado por la realeza hasta 1795. Hoy en día se puede visitar.

El Castillo Real de Varsovia es un palacio barroco-neoclásico y fue ocupado por la realeza hasta 1795. Hoy en día se puede visitar.

Castigada por la historia y ninguneada por el turismo en comparación con vecinas suyas, la capital de Polonia ha sido durante muchos años la gran olvidada de las capitales del Este. Seríamos capaces de nombrar capitales bálticas que no sabemos ni a que país pertenecen como Riga o Tallin, vecinas suyas, pero Varsovia no es un destino que esté en la típica lista de preferencias viajeras. Y debería.

En Varsovia nada es lo que parece. El vetusto centro histórico cuenta apenas con unas décadas de historia. La capital de Polonia sufrió la ira Nazi en la Segunda Guerra Mundial, con la destrucción de buena parte de la ciudad. Hoy en día puedes ver todo el casco histórico intacto. Reconstruido. Así era y así lo dejaron después, consiguiendo que la Unesco lo declarara Patrimonio de la Humanidad en 1980. ¿La razón? Su exhaustivo trabajo de recuperación de una ciudad fiel a como era antes de la masacre de la Alemania Nazi. Las plazas del Mercado, con la estatua de la Sirena en el centro, y del Palacio Real son dos de sus emblemas. Curiosear por ellas y sus coloridos edificios es casi una obligación.

Tampoco son lo que parecen los bancos de la avenida Śródmieście. Son musicales. Y a ritmo de Chopin, paseamos por delante del Palacio Presidencial y la plaza que rinde homenaje al astrónomo Nicolás Copérnico. Muy cerca de allí vivían otros “grandes” de la literatura como Joseph Conrad y de la música como Frédéric Chopin.

Y si las apariencias engañan, la biblioteca de la Universidad de Varsovia da pistas en su fachada, con un jardín vertical, de lo que esconde en su azotea: unas originales zonas verdes. Junto a ellas y el río Vístula, el paraíso de los niños: El Centro Copérnico y el Planetario. Es una de las grandes atracciones de la ciudad de Varsovia. Un “museo” en el que los niños (y sus padres, para qué vamos a negarlo) van a jugar, tocar y experimentar.

Y para despedirnos de Varsovia nos lanzamos a descubrir su cara más moderna. La reconversión de un mercado de 1909 como el Hala Koszynki en un sueño gastronómico con toques industriales. Hay restaurantes, una librería, enoteca, cervecería, tienda de decoración… Todo lo que un bon vivant necesita, allí está. Una puerta que se abre a una ciudad que, todavía, tiene mucho por descubrir. Habrá que volver.

LA SIRENA | Plaza del Mercado. Es la plaza más antigua de Varsovia y fue destruida por el ejército alemán tras el Alzamiento de Varsovia, en la Segunda Guerra Mundial.

CONTRASTES | Palacio de la Cultura y la Ciencia (1955). Fue un regalo de la URSS de Stalin a Varsovia y durante muchos años fue un edificio que despertaba malas caras como todo aquello que provenía de la Unión Soviética.

UN JARDÍN EN LA AZOTEA | Biblioteca de la Universidad de Varsovia. Un jardín vertical cubre su fachada mientras que en su azotea tienes más zona ajardinada por la que pasear y refrescarte en los soleados días de verano, que los hay.

UN MERCADO GASTRONÓMICO | Hala Koszynki. En el Hala Koszynki encontrarás multitud de opciones gastronómicas en un restaurado mercado de 1909. Hay restaurantes, una librería, enoteca, cervecería, tienda de decoración…

LO QUE QUEDA DEL GUETO | Gueto Judío de Vrasovia. Varsovia tuvo el mayor gueto judío de Europa establecido por la Alemania Nazi. Es más, tuvo dos guetos unidos por un puente. De aquello queda algún recuerdo en forma de monumento. También está intacta la Sinagoga, única que se pudo salvar de los incendios que asolaron la ciudad, y que se puede visitar en la actualidad.

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