ESLOVENIA, “AMOR” ENTRE LOS ALPES Y EL MAR ADRIÁTICO

PORTADA | Presume de ser el único país en cuyo nombre encontrarás la palabra “amor” en inglés (es+“love”+nia), de tener una capital que significa “la amada” en esloveno (“Liubliana”) y de transportarte (y no es una metáfora) en tan solo 2 horas de los Alpes a una villa marinera del Adriático. Así es Eslovenia. Un pequeño y joven país entre Italia, Austria, Hungría y Croacia. Con influencias austrohúngaras y aire mediterráneo. Que es capaz de enmudecer a cualquiera con sus paisajes y de ser el primer país del mundo declarado destino verde, según Green Destinations.

Eslovenia es uno de los estados más pequeños de Europa y se constituyó en 1991 tras la desintegración de la antigua Yugoslavia. Junto a su hermosa capital Liubliana hay un sinfín de rincones de soberbia belleza en los que perderse en cualquiera de las estaciones del año.

Rumbo norte nos topamos con las aguas turquesas del lago Bled. Y ninguna atalaya ofrece mejores vistas que las del castillo, encaramado a un precipicio. Los Alpes Julianos al fondo, el islote con la iglesia de la Asunción asomando y alguna que otra barcaza surcando sus aguas. Barcas que avanzan y se contonean lentamente al ritmo de los infatigables remeros. Tal es el aprecio por la conservación que no verás ninguna embarcación a motor en el lago.

Bled y su lago ocupan la parte oriental del Parque Nacional de Triglav, una reserva de valles glaciares por donde fluyen ríos que acaban en el mar Negro y el Mediterráneo. Cerca de Bled se encuentra la Garganta de Vintgar, un desfiladero por el que discurren aguas turquesas entre las estrechas paredes de los montes Hom y Borst.

Conduciendo hacia el sur un par de horas alcanzaremos la costa del Adriático. Pero antes, atravesamos la región de Carso o Karst, en donde se encuentran las cuevas de Postojna. En verano pasarás de 30 a 8 grados en pocos minutos. Dentro de las grutas te espera un espectáculo visual en el laberinto de estalactitas, estalagmitas, columnas y cortinas de roca caliza.

Cerca de Postojna, el castillo de Predjama se esconde en otra cueva, con todos los detalles medievales que puedas imaginar. Hasta un pasadizo secreto y la leyenda del barón Erazem Lueger, un Robin Hood del siglo XV.

Y finalizamos nuestro recorrido en Piran, una villa marinera en los escasos 46 km de costa eslovena, Es aquí donde cambia la percepción que hasta ahora teníamos de Eslovenia. Ese aire austrohúngaro pasa a ser muy mediterráneo. Piran fue un antiguo puerto veneciano. Sus muelles, callejuelas y la plaza Tartini son un deleite. Tanto como dejarse llevar y ascender hasta la la iglesia de San Jorge, y despedir el día, y el viaje, con una de las mejores puestas de sol del país.

UN LAGO DE CUENTO | LAGO BLED. El lago rodea la Isla de Bled, la única isla natural de Eslovenia.

A REMO | LAGO BLED. Las únicas barcas que surcan el lago Bled están propulsadas por los brazos de infatigables remeros.

AGUAS CRISTALINAS | LA GARGANTA DE VINTGAR. Una pasarela te va guiando entre cascadas y pequeños saltos de agua.

DE 30 A 8 GRADOS EN SEGUNDOS | CUEVAS DE POSTOJNA. No te dejes engañar por los 30 grados del exterior, en verano, o dentro te congelarás. Por cierto, estas son las cuevas más visitadas de Europa. Por algo será.

UN CASTILLO EN UNA CUEVA | CASTILLO DE PREDJAMA. Fortaleza inexpugnable durante muchos siglos, se ha convertido en uno de los castillos más pintorescos y visitados de Eslovenia.

LA COSTA ESLOVENA | PIRAN. La plaza Tartini es la principal de Piran y está dedicada al violinista y compositor Giuseppe Tartini.

VISTAS DESDE LA IGLESIA | PIRAN. Junto a la iglesia de San Jorge encontrarás la mejor puesta de sol de Eslovenia, así como excelentes vistas sobre el casco histórico de Piran.

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