EN BUSCA DE UNA TRIBU REMOTA DE ÁFRICA

EL VIAJERO | La fotógrafa Alicia Núñez nos acerca con su nuevo libro a una tribu bastante desconocida del continente africano. “Surmas. El tiempo detenido” está editado por Lunwerg y en él nos muestra la dignidad y orgullo de un pueblo aislado  geográficamente en el sur de Etiopía.

La fotógrafa Alicia Núñez es la autora del libro "Surmas. El tiempo detenido".

La fotógrafa Alicia Núñez es la autora del libro «Surmas. El tiempo detenido».

-¿Quiénes son los surmas?

Los surmas son una tribu del sur de Etiopía en la frontera con Sudán y se caracterizan por estar muy aislados geográficamente. Eso hace que dé la sensación de que allí se haya detenido el tiempo. De ahí el título del libro.

-¿Por qué hay tribus tan conocidas como los masais y otras como los surmas de las que nadie habla?

Sobre todo, porque es muy difícil acceder hasta ellos. Estuve en Etiopía hace 10 años y fue imposible llegar hasta allí. No existía ningún viaje posible para llegar hasta ellos. Ahora algún touroperador está empezando a ofrecer alguna cosa.

-Tú que los has conocido de cerca, ¿cómo son los surmas?

Es un pueblo muy serio, de hecho se les conoce como el pueblo que nunca se ríe. Es difícil verlos sonreír. Se ríen poco, quizás por tener el labio cortado para poder llevar el plato que llevan. Si gesticularan mucho igual se les podría rajar el labio. Aparte de eso, los surmas son un pueblo que defiende su territorio pero a la vez es hospitalario.

-¿Cómo los conociste tú?

Los conocí estando en Etiopía. Había leído y oído hablar sobre ellos. Estaba conociendo a otra tribu, los mursi, me enteré de que existía otra tribu que también llevaban el plato en el labio. Mi historia fotográfica persigue conocer a las minorías por la curiosidad de saber si sus relaciones son parecidas a las que tenemos en otras partes del mundo. Y al final te das cuenta de que las relaciones personales son muy parecidas.

-¿Es un viaje arriesgado?

Sí. Es un viaje arriesgado si quieres montártelo por tu cuenta y esperas a llegar allí. Yo lo hice con un touroperador de Etiopía, con mucho tiempo. Todo muy planificado.

-¿Y cómo fue el encuentro con ellos? Porque ellos no te esperaban. No habías contactado antes con ellos.

La verdad es que todo es más fácil de lo que parece. Ellos tienen mucha curiosidad sobre nosotros. Al principio están más distantes, no de manera hostil, pero sí que con mucha precaución. Pero al final, jugando con los niños y las mujeres te ganas su confianza y hace que bajen un poco la guardia que tienen al principio.

-¿Cuánto tiempo estuviste con ellos?

Estuve un mes conviviendo con ellos. Desplazándonos por toda la zona donde está diseminada la población surma.

-¿Cómo conseguiste ganártelos y poder fotografiarlos?

A mí me interesan más las personas que las propias fotografías. Eso sí, gracias a la cámara te puedes acercar a ellos, ya que a ellos les llama mucho la atención. La cámara te permite interactuar. Juegas con ellos, les enseñas a que te fotografíen a ti, y al final consigues lo que quieres. No es lo mismo eso que robar fotos.

-¿Y cómo fue la convivencia con ellos?

La verdad es que no fue nada difícil. Lo mejor fue el trato que nos dieron y lo cómodo que fue todo, a pesar de dormir mucho tiempo en tiendas de campaña, cocinar animales que acababan de cazar. Y lo peor el contacto con otras tribus.

-¿Llegasteis a tener algún problema con otras tribus?

Por ejemplo, con los bume, conocidos como los cazadores de hombres, que cuando nos vieron nos apuntaron con sus kalashnikovs pero no llegó a nada más. Cuando estás en un viaje de este tipo asumes riesgos.

-Si tuvieras que quedarte con algún momento de todo tu viaje…

El momento de la donga. Es un ritual que se hace después de la cosecha y en el que demuestran su masculinidad luchando con bastones. Pelean con unos palos que acaban en forma de falo. No hay muerte, pero esa violencia, en una explanada con casi 500 espectadores, mujeres, niños, cánticos, paisajes maravillosos…

-Y con alguna fotografía…

Hay muchas. La de una mujer mayor que tiene el plato cortado por la mitad y la mano sujetando el palo. Representa la tradición de los años. En contraposición de la foto de esperanza del niño que aparece en la portada.

-Y para acabar, ¿con qué te quedarías de los surma?

Con esas mujeres que no tienen nada, pero nada de verdad, y te lo regalan todo sin apenas conocerte.

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